¿Y si Gondon Ramsay fuera a mi casa a cenar?




Esta era la gran pegunta que lanzaba hace unos meses Canal Cocina como tema principal de un nuevo concurso. Había que imaginar que el mediático chef Gordon Ramsay iba a tu casa a cenar y exponer con qué plato le agasajaríamos. ¡Y resulta que somos uno de los ganadores!  Tremendamente felices en breve podremos disfrutar del premio, el nuevo libro del Ramsay “Mi cocina casera“.





Nosotros fuimos un poco más allá y ademas del plato estrella de esa noche imaginamos horas previas a la velada. Toda una aventura….


¡Riiing…Riiiiing…!

          –¡David!
Ni te imaginas lo que te voy a decir.
          –Pues…No.
A ver, sorpréndeme.
          –¡¿Ni
te imaginas con quien he estado hablando?!
          –Eeeh…No.
          –¡¡Es
que es muy fuerte!!
          –Marga,
me estas poniendo nervioso… ¡Suéltalo!
          –¡¡Gordon
Ramsey!!
          –¡GR!
¿¿El carismático, hiperactivo e hiperrubio chef escocés??
         
-Siii,
¡¡¡El mega-estrellado Gordon Ramsey!!!
          –No
me lo creo.


         
 -Que si…te cuento. Estaba en la cocina haciendo las lentejas
al estilo de mi madre (por cierto hay lentejas para comer, lo siento), y de repente
veo como una cabeza rubia se asoma por la ventana de la cocina, golpea el
cristal y hace gestos para que le abra. Me cuenta que pasaba por allí y que no
se había podido resistir a preguntarme qué estaba cocinando, el olor del comino
recién majado con el ajo le llevó hasta nuestra ventana.

          –¿En
serio?

          –Que
si, de verdad, está en Huelva rodando un documental y bla, bla, bla… Resumiendo,
que ha salido de casa con una tartera de lentejas y le he invitado a cenar esta
noche. Viene con Tana.

          –¿Tana?
         
 
           – La esposa de Gordon.

Puestos a imaginar que Gordon Ramsay
viene a mi casa a cenar, podría haber sucedido de esta forma.

Probablemente desde esa misma mañana
en la que Ramsay saliera de mi cocina con mis lentejas hasta la hora de la cena
estaríamos rematadamente histéricos. Tendríamos apenas 12 horas para la velada y
teniendo que decidir qué poner en la mesa (y yo, además, tendría que improvisar
look y hasta quizás tuviera que salir a comprarme unos zapatos)

          –Mamá,
en 5 minutos paso por allí y te dejo a los niños.
          –Sin
problemas, ¿pasa algo?
          –Si,
algo muy Gordon…


Convencida estoy que David y yo
tiraríamos de recetario buscando un plato acorde con el momento, sería
imprescindible estar a la altura. ¿Carne o pescado? Esa sería la primera duda a
resolver. Pienso que acabaríamos decantándonos por la carne, unas codornices
quizás.


Las codornices cocinadas en su punto,
se deshacen en la boca. Bien cocinadas te garantizan éxito absoluto aunque
cualquier fallo en su elaboración puede ser motivo de un desastre apoteósico,
es decir, o subes a los cielos o bajas empicado al infierno.  La ocasión merecía arriesgar y poner toda la
“carne en el asador” así que presentar a Ramsay unas codornices perfectas (o al
menos intentarlo) sería la opción más atractiva que se nos ocurre.


Pueden cocinarse casi de cualquier
forma, en esta ocasión optaríamos por rellenarlas. Foie sería un buen relleno. Trabajar
delicadamente con este tipo de producto es imprescindible, ya deshuesadas le
daríamos un toque de sal y pimienta y las rellenaríamos con unos trozos de foie
fresco, delicado, mantecoso, poderoso.

Una vez rellenos los pajaritos en
cuestión los envolveríamos en unas láminas de panceta fresca, de esta manera
protegeríamos todo el conjunto asegurándonos el punto exacto de cocción de la codorniz.
La pechuga debe quedar rosácea y mantenerse jugosa. Escasos minutos en el horno
daría ese toque prefecto al plato, previamente caramelizadas a fuego fuerte en
la sartén en su propia grasa.

Unas chalotas caramelizadas, un toque
de trufa que siempre realza los sabores y unas zanahorias baby salteadas en
mantequilla (mucha mantequilla y tomillo) serían un cortejo ideal.

El toque dulce que terminaría de
balancear el plato se lo daríamos con una salsa suave de piña bien
condimentada. Utilizando los huesos de la codorniz como base y un poco de brandy,
la salsa sería la guinda para el plato. Unas esponjosas rebanadas de pan con
corteza crujiente acompañarían a las codornices a la mesa.


Mesa para 4. Copas de vino brillantes
y limpias con esmero, mantel escrupulosamente planchado y servilletas a juego perfectamente
colocadas junto al plato, todo blanco por supuesto y con motivos brocados. La
cubertería sencilla pero elegante. Luces agradables en la estancia, música de
fondo sonando el Say What You Want de Texas (Hoy solo valen grupos escoceses), el
vino a su justa temperatura y unos chips crujientes de verduras para comenzar
picando algo mientras las codornices se atemperan…


Esto, así explicado con tanto amor
parecería fácil, no obstante estaríamos tremendamente nerviosos y con una
tensión palpable en el ambiente, es decir: cocina a pleno rendimiento, yo con
los rulos puestos y desvenando el foie, David jugándose la integridad con el
cuchillo cebollero…y de fondo sonando 
Vértigo de U2Uno, dos, tres catorce! Turn in up
there!
  (Para ir poniéndonos poco a poco
en modo British)

Y pasarían las horas y nuestro
nerviosismo se habría transformado en una mezcla de emoción e incertidumbre
debido a la duda de haber alcanzado o no el punto exacto de la pechuga de la
codorniz.

Una vez todo recogido y
cuidadosamente vestidos estaríamos a la espera del Chef y su esposa. David con
esa elegancia innata que le caracteriza, yo con mí vestido rojo de triunfadora
(y mis zapatos nuevos).

          –¿Tú
estás segura que lo de esta mañana no lo has soñado?
          –¡Ainss!
¡David no me pongas más nerviosa! De rojo voy bien, ¿no?


Ding…Dong….


Y allí estaría Gordon Ramsay, sentado
en el salón de mi casa. Agitando una copa de vino mientras habla con mi marido,
yo atravesaría el salón con el plato que habríamos decidido agasajar a este
gran Chef. Codornices rellenas de foie con salsa de piña, chalotas y
zanahorias.

El mediático
personaje hundiría su cuchillo en la codorniz….yo estaría expectante.


Que tierna
está, parece mantequilla-pensaría yo. Córtala ya Gordon –insistiría
mentalmente. Si…pechuga rosácea y en su punto. Todo un éxito.

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9 comentarios

  1. No me extraña nada que hayais sido ganadores, lo he vivido como ustedes.enhorabuena y Felicidades

  2. Susana Menéndez (gastronofilia.blogspot.com)

    Qué bueno!!!!! Me ha encantado la entrada, mientras la leía me imaginaba la escena perfectamente 🙂 incluyendo el pintón y el sabor de las codornices…. Enhorabuena por el premio!

  3. Bueno… en primer lugar enhorabuena por el premio, pero sobre todo por el texto y el valor de prepararle unas codornices a un chef de formación clásica francesa…
    En serio, muy bueno el texto, me he puesto nervioso y todo. Buena BSO y sí, creo que el rojo es apropiado 😉

    1. jejeje, una historia un poco frenética. Gracias Capitán

  4. Enhorabuena por el premio,me encanta como lo has contado,me parece muy real.besinos

  5. Fantastico! soy superfan de Ramsey y digo yo que si lo deseaa mucho…lo mismo asoma por tu cocina!

  6. Estela Sanchez Ruiz de Luna

    ¡Que nervios!! Ay!! Yo creía que no terminaba tu historia. Mi sincera felicitación por este premio y me encanta tu imaginación, sin ella no somos nada. Besos

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