La pizza con mozzarella es uno de esos platos que casi todo el mundo reconoce al primer vistazo: base de pan, salsa de tomate y un mar de queso fundido. Es sencilla, directa y muy agradecida, por eso suele ser la puerta de entrada para quienes se animan a encender el horno y preparar su primera pizza en casa. No hace falta ser experto para disfrutar del proceso ni para conseguir un buen resultado.

Aunque la pizza nació en Italia, hoy forma parte del día a día en muchos países. La versión más básica, con tomate y mozzarella, se popularizó en Nápoles y, con el tiempo, se convirtió en un clásico que se adapta a todos los gustos. Es una receta flexible: puedes dejarla tal cual, muy simple, o usarla como base para añadir otros ingredientes.
Lo interesante de esta pizza es que, con pocos ingredientes, se consigue mucho sabor. Una buena masa casera, una salsa de tomate y una mozzarella fundida son suficientes para que la cocina huela a pan recién hecho y queso gratinado. En esta receta vamos a ver, paso a paso y sin complicaciones, cómo preparar una pizza casera de mozzarella para que te sientas seguro aunque sea tu primera vez.
En esta receta te cuento como hacer tu propia masa de pizza casera –> Masa de Pizza

Os explico cómo hacer pizza con mozzarella y su receta paso a paso para que no tengáis problemas en la elaboración.
Guarda esta receta en la pantalla de inicio de tu móvil para un acceso rápido. En la sección de ingredientes, selecciona los que necesitas para simplificar la compra. Además, ajusta el número de porciones deseadas y las cantidades de los ingredientes se calcularán automáticamente.

Pizza casera de mozzarella con borde crujiente y queso perfecto
Ingredientes para hacer pizza con mozzarella
Ingredientes para hacer la masa
Ingredientes para la pizza
Cómo hacer pizza con mozzarella
Pasos para hacer la masa casera
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Activar la levadura
En un cuenco pequeño, mezcla la levadura con el agua templada y el azúcar. Remueve hasta disolver y deja reposar 10 minutos para que se active. Verás burbujas: señal de que la levadura está viva.
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Formar la masa
Coloca la harina en un bol grande, haz un hueco en el centro y vierte la mezcla anterior. Añade la sal y empieza a mezclar con una cuchara, o tus manos, hasta integrar todo.
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Amasar
Coloca la masa en una superficie limpia y amasa durante unos 10 minutos. Debe volverse suave y elástica. Si está muy pegajosa, añade un poco más de harina sin pasarte. Este proceso activa el gluten y da estructura a la masa. Pon un poco de aceite de oliva en tus manos para ayudarte en el amasado.
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Primer reposo
Forma una bola, colócala en un bol ligeramente aceitado, cúbrela con un paño limpio y deja reposar 2 horas o hasta que doble su tamaño.
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Segundo reposo
Vuelca la masa en la encimera de la cocina con un poco de harina y amasa 5 minutos. No es necesario más. Forma dos bolas y deja fermentar 30 minutos más.
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Forma la base de la pizza
Después del reposo, toma cada bola de masa fermentada por separado—cada una será la base de una pizza individual. Desgasifica la masa con cuidado, presionando suavemente con las yemas de los dedos para liberar el aire acumulado durante la fermentación. Colócala sobre una superficie enharinada y comienza a extenderla poco a poco con los dedos, desde el centro hacia los bordes, hasta formar un círculo. Es importante que conserves los bordes algo más gruesos: esto les dará ese aspecto rústico y apetitoso una vez horneados, además de ayudar a contener los ingredientes que añadas después.
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Cuando tengas la forma deseada, pasa la masa a la bandeja o piedra preparada. Si usas papel de horno, te será más fácil moverla. Ajusta un poco la forma con las manos, sin apretar demasiado, para que el borde quede definido. Asegúrate de que la masa no esté pegada a la superficie; si lo está, levanta un poco y añade una pizca más de harina.
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Añade unas cucharadas de salsa de tomate sobre el centro de la masa. Con el dorso de una cuchara, extiende la salsa en círculos hacia fuera, dejando libre el borde para que pueda subir en el horno. No pongas demasiada salsa; una capa fina y uniforme es suficiente para que la pizza no quede húmeda en exceso. Si la salsa es muy líquida, es mejor reducir la cantidad o espesarla un poco antes.
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Escurre bien la mozzarella si viene en suero. Este paso es importante para que la pizza no suelte demasiada agua en el horno. Puedes cortarla en rodajas o en tiras, o desmenuzarla con las manos en trozos medianos. Reparte la mozzarella por toda la superficie con cierta regularidad, pero sin cubrirlo todo por completo; deja pequeños huecos para que el calor circule y el queso funda de forma uniforme.
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Opcionalmente, puedes espolvorear un poco de orégano seco, albahaca seca o fresca, y un chorrito muy ligero de aceite de oliva por encima. Estos detalles realzan el sabor sin complicar la receta. Si quieres, también puedes añadir un poco de queso rallado extra para darle un punto más gratinado, pero no es imprescindible.
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Introduce la pizza en el horno ya caliente, colocándola en una altura media o ligeramente baja, según tu horno. Hornea durante unos 12–15 minutos, vigilando a partir del minuto 10. La pizza estará lista cuando el borde esté dorado y ligeramente inflado, y la mozzarella se vea bien fundida, con algunas zonas ligeramente tostadas. Si ves que el queso se dora demasiado rápido, puedes bajar un poco la temperatura.
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Saca la pizza del horno con cuidado y colócala sobre una rejilla o tabla. Déjala reposar 2–3 minutos antes de cortarla; así el queso se asienta un poco y será más fácil hacer porciones limpias. Corta en triángulos o cuadrados, según prefieras, y sirve de inmediato. Disfrutarla recién hecha es la mejor forma de apreciar la masa crujiente y la mozzarella fundida.