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Magret de pato con salsa de naranja y jengibre





A grandes rasgos unas pincelas sobre el pato (tirando un poco de  wikipedia).


(...) En gastronomía, el pato es la carne de cualquier especie de ave de la familia de la anátidas, tanto de agua dulce como salada. Se consume en muchas partes del mundo.  

La carne procede principalmente de la pechuga y las piernas del animal. La carne de las piernas es más oscura y algo más jugosa que la de la pechuga, si bien ésta sigue siendo más oscura que la de pollo o pavo. 

Al ser aves acuáticas, los patos tienen una capa subcutánea aislante entre la piel y la carne.  (...)

Esa capa grasa subcutánea de la que habla es la característica grasa amarilla de todas las pechugas (o magret) del pato. Debido a lo cual no os aconsejamos asar con aceite de oliva. La misma grasa se derretirá y será suficiente para asarlo.

Su elaboración es muy sencilla y a continuación te vamos a dar unas pautas a seguir que facilitarán la tarea. Veamos.


INGREDIENTES (para 4 personas):


Para el pato:

- 2 pechugas (magret) de pato
- sal en escamas
- salsa de naranja y jengibre

Para la salsa de naranja y jengibre:

- 4 naranjas
- 1 diente de ajo
- 1/2 cebolla
- 100 ml de vino blanco
- 3 cucharaditas de azúcar moreno
- 1 cucharadita de jengibre molido
- pimienta negra
- eneldo fresco
- aceite de oliva virgen extra
- sal


ELABORACIÓN:


Lo primero que haremos será colocar la pechuga de pato con la piel hacia arriba sobre una tabla de cortar, le realizaremos varios cortes en diagonal de lado a lado y separados entre si por más de un centímetro. Los cortes deben llegar hasta la carne pero sin llegar a cortarla.


Tal como vemos en la imagen, los cortes no llegan a cortar la carne. Tan solo vamos a cortar la capa de grasa característica del pato.

A continuación, calentaremos la plancha y cuando esté bien caliente pondremos el pato por el lado de la grasa. Lo dejaremos unos 8 minutos hasta que haya soltado buena parte de la grasa y se haya dorado pero sin llegar a quemarse.





Transcurrido este tiempo le daremos la vuelta y lo haremos unos 5 minutos más por el lado de la carne. Recuerda que los tiempos son aproximados, dependerá del grosor de la carne y de la potencia que le des al fuego. La transmisión de calor de la plancha y el tipo de fuego empleado también influirán en los tiempos. Observa bien la pechuga en todo el proceso.



Cuando  esté hecho lo sacaremos y lo partiremos en rodajas siguiendo los cortes diagonales que habíamos dado al principio.



Finalmente lo presentaremos con la salsa de naranja y jengibre que os mostrábamos en esta publicación. Es muy sencilla de hacer y el sabor combina a la perfección con el pato.

Puedes termiar el plato con unas escamas de sal por encima para potenciar todo el sabor del pato


Sin duda una elaboración muy sencilla con un equilibrio de sabores bien definidos. No dejes pasar la oportunidad de probarlos en una ocasión especial. Así que...¡¡no dejéis de probarlo!!


Quien comparte su comida, no pasa solo la vida




4 comentarios

  1. Me encanta la receta Marga!! Esa salsa le va como anillo la dedo.

    Un beso!!

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    Respuestas
    1. la salsa le va genial, ademas está buenisima

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    2. la salsa le va genial, ademas está buenisima

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  2. Me encanta el pato, aunque soy más de muslo que de pechuga y de horno que de plancha. Ahora bien, me mola mucho del magret ese punto de la cocción con su propia grasa en la plancha ¡lo que llega a soltar!.
    Y sí, la naranja (la lima, los cítricos en general) van muy bien con el pato y la combinación con jengibre me suena celestial...
    PD: Cuando veo recetas de pato no puedo por menos que recordar un viaje a Paris en el que nos alojamos en un vetusto y destartalado hotel en Montmatre. Al lado había un pequeño bistrot de película, con sus manteles de cuadros y su frasca de vino (para que te hagas una idea, el del final de la peli de ratatouille). Estuvimos cuatro días y los cuatro, tras patearnos la ciudad acabábamos cenando allí... los cuatro días cené pato (magret, confit, a la naranja y con ciruelas). ¡Me pirra!.
    Y por cierto, en Budapest me sirvieron un confit con lombarda y cebolla morada encurtida y maridado con un Tokaji dry que aún se me saltan las lágrimas

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