La forma más conocida de la sopa de huevo proviene de China, donde se prepara desde hace siglos bajo el nombre de egg drop soup o dan hua tang, que significa literalmente “sopa de flores de huevo”. El nombre hace referencia al aspecto que adquiere el huevo al caer en el caldo caliente: hilos o “flores” que se abren suavemente en la superficie.

El huevo aporta una textura característica que define este plato
En la cocina china tradicional, esta sopa se elaboraba con caldos muy ligeros y se servía como plato sencillo, económico y rápido, especialmente en hogares rurales. Con el tiempo se extendió por toda Asia, adaptándose a ingredientes locales: más especias en Corea, caldos más intensos en Japón, o versiones con verduras en el sudeste asiático.
La sopa de huevo demuestra que lo simple también puede ser interesante
En Europa también existen preparaciones similares desde la Edad Media. En España e Italia, por ejemplo, se elaboraban caldos espesados con huevo batido para aprovechar ingredientes básicos y aportar más valor nutritivo. Estas versiones eran más rústicas y menos aromáticas que las asiáticas, pero compartían la misma idea: un caldo sencillo enriquecido con huevo.

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Ingredientes para hacer sopa de huevo
Cómo hacer sopa de huevo
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Empieza organizando todo. Pela el diente de ajo y el trozo de jengibre. Rállalos hasta obtener una pasta. Limpia las setas portobello con un paño húmedo o papel de cocina (evita mojarlas demasiado) y córtalas en láminas finas. Corta el ½ chile rojo en rodajas muy finas, retirando las semillas si quieres menos picante. Bate los 2 huevos en un bol pequeño hasta que la mezcla sea homogénea. Ten el caldo de pollo medido (500 ml) y el resto de ingredientes a mano.
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Coloca una olla al fuego, a potencia media, y añade un chorrito pequeño de aceite de oliva virgen extra. Cuando el aceite esté caliente, incorpora el ajo y el jengibre, remueve para que no se quemen. Tras 1–2 minutos, añade el chile rojo en rodajas. Cocina todo junto unos minutos más sin que llegue a dorarse. Si ves que se tuesta demasiado rápido, baja un poco el fuego.
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Agrega las láminas de setas. Mezcla bien y cocina durante unos 3–4 minutos hasta que las setas se ablanden ligeramente y suelten parte de su agua. No hace falta que se doren mucho.
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Añade el caldo de pollo. Añade la salsa de soja, la cucharadita de gochujang, una pizca de canela y un poco de pimienta blanca molida. El gochujang es espeso, así que tómate un momento para disolverlo bien en el caldo. Sube el fuego hasta que el caldo empiece a hervir suavemente.
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Cuando el caldo rompa a hervir, baja el fuego a medio-bajo para mantener un hervor suave. Deja que cueza unos 8–10 minutos.
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Con una mano, sigue removiendo el caldo en círculos suaves. Con la otra, vierte el huevo batido muy despacio, en un hilo fino, sobre la superficie del caldo. No lo eches de golpe. A medida que el huevo entra en contacto con el caldo caliente, se cuajará formando tiras finas.
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Sirve la sopa caliente en cuencos individuales, procurando repartir bien las setas y las hebras de huevo. Justo antes de llevarla a la mesa, añade una pequeña cantidad de huevas de pescado sobre cada ración, a modo de acompañamiento. Añade también cebollino o cilantro picado.