La pizza blanca es la mejor forma de comprobar que una pizza no necesita tomate para ser deliciosa. Aquí el protagonista es directamente el queso. Al no llevar tomate, cambia bastante el resultado.
En una pizza blanca, el queso es la parte principal de la receta

Si nunca has preparado una pizza desde cero, no te preocupes. El proceso es bastante más fácil cuando lo dividimos en tres partes: hacer la masa, dejarla fermentar y montar la pizza. Así de simple.
Os explico cómo hacer pizza blanca y su receta paso a paso para que no tengáis problemas en la elaboración.
Guarda esta receta en la pantalla de inicio de tu móvil para un acceso rápido. En la sección de ingredientes, selecciona los que necesitas para simplificar la compra. Además, ajusta el número de porciones deseadas y las cantidades de los ingredientes se calcularán automáticamente.
Pizza blanca, una receta fácil sin salsa de tomate
Ingredientes
Para la masa
Para la pizza
Instrucciones
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En un cuenco pequeño, mezcla la levadura con el agua templada y el azúcar. Remueve hasta disolver y deja reposar 10 minutos para que se active. Verás burbujas: señal de que la levadura está viva. Coloca la harina en un bol grande, haz un hueco en el centro y vierte la mezcla anterior. Añade la sal y empieza a mezclar con una cuchara, o tus manos, hasta integrar todo.
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Coloca la masa en una superficie limpia y amasa durante unos 10 minutos. Debe volverse suave y elástica. Si está muy pegajosa, añade un poco más de harina sin pasarte. Este proceso activa el gluten y da estructura a la masa. Pon un poco de aceite de oliva en tus manos para ayudarte en el amasado.
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Forma una bola, colócala en un bol ligeramente aceitado, cúbrela con un paño limpio y deja reposar 2 horas o hasta que doble su tamaño. Vuelca la masa en la encimera de la cocina con un poco de harina y amasa 5 minutos. No es necesario más. Forma dos bolas y deja fermentar 30 minutos más.
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Después del reposo, toma cada bola de masa fermentada por separado, cada una será la base de una pizza individual. Desgasifica la masa con cuidado, presionando suavemente con las yemas de los dedos para liberar el aire acumulado durante la fermentación. Colócala sobre una superficie enharinada y comienza a extenderla poco a poco con los dedos, desde el centro hacia los bordes, hasta formar un círculo. Es importante que conserves los bordes algo más gruesos: esto les dará ese aspecto rústico y apetitoso una vez horneados, además de ayudar a contener los ingredientes que añadas después.
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Cuando tengas la forma deseada, pasa la masa a la bandeja o piedra preparada. Si usas papel de horno, te será más fácil moverla. Ajusta un poco la forma con las manos, sin apretar demasiado, para que el borde quede definido. Asegúrate de que la masa no esté pegada a la superficie; si lo está, levanta un poco y añade una pizca más de harina.
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Una vez que tengas la pizza formada añade la mezcla de quesos y un poco de cebolleta picada por encima.
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Mete la pizza en el horno y cocina durante 12-15 minutos aproximadamente, vigilándola durante los últimos minutos.
Cada horno trabaja de forma diferente, por lo que el tiempo exacto puede cambiar. La pizza estará lista cuando los bordes tengan color, la parte inferior esté cocida y el queso se haya fundido.
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Saca la pizza del horno y deja que repose un par de minutos. Añade un poco de oliva virgen extra. Corta la pizza y sírvela mientras todavía está caliente.